(Este post es la continuación del primero de la serie En tierra hostil (I): Contrainteligencia, Marketing e Innovación Abierta ).

Apresuro el paso en una fresca tarde de marzo en Milán. La Comisión Europea me ha invitado a dar una charla en su evento internacional sobre investigación para la sociedad de la información (IST). Camino resignado a cosechar indiferencia y alguna pedrada –espero que virtual- por lo que voy a exponer.

Expectativas que se verán totalmente cumplidas.facebook logo

No lo he dicho, pero es el año 2003. Falta un año para la fundación de Facebook, y unos diez años para que tenga impacto en nuestras vidas de este lado del charco. Sin embargo, en esa fecha ya aparecen en Internet sistemas colaborativos que se proponen para compartir información en el entorno empresarial y personal. Para el diseño colaborativo de producto, para la negociación de contratos, para casi todo. Y cenizos como yo –por aquel entonces no encontré otro- comenzamos a ver inconvenientes.

Inconvenientes que se verán, también, totalmente cumplidos, diez años más tarde.

Resumiendo, mi tesis era muy simple:

 

1. Los sistemas colaborativos en Internet –incluyendo las redes sociales, que no se llamaban así- permiten compartir información a través de las fronteras de la organización.
2. La información es compartida en la práctica por personas, no por organizaciones.
3. La información pertenece a la organización donde trabaja, no a la persona que la comparte. (Aquí vino la pedrada).
4. Tendremos un problema de protección de activos en las organizaciones, a no ser que desarrollemos tecnología preventiva al mismo tiempo que desarrollamos las herramientas para compartir. (Aquí vino la indiferencia).

Sabía que iba a gritar "¡Moderaos! ¡El alcohol mata neuronas!" en medio de la Oktoberfest . Y es que en ese momento todo el mundo estaba borracho de desarrollo de sistemas colaborativos empresariales, proyectos regados con dinero público. Unos planteando formatos de intercambio de datos de producto, otros trabajando en mecanismos automáticos de negociación de contratos, etc etc.

Pero nadie trabajaba en cómo monitorizar la sensibilidad de la información que se comparte. En advertir automáticamente si el contenido de dicha información es confidencial, restringido o de uso libre. En cómo saber automáticamente si ese destinatario fuera de la empresa está autorizado o no por algún acuerdo. Y en caso contrario que el sistema bloquee el intercambio de esa información automáticamente.

Tras muchos años así seguimos, si poder controlarlo. Al menos por lo que se refiere a una empresa "normal" –que no sea la CIA-.

soldado ruso en Siria
El objetivo de este post es la empresa, pero ya que hablamos de la CIA hablemos también del ejército ruso. El pasado septiembre de 2015, mientras Putin negaba la implicación de Rusia en el combate sobre el terreno sirio, los soldados rusos iban subiendo fotografías a las redes sociales. Desafortunadamente para la diplomacia rusa, dichas fotografías estaban geolocalizadas -cosas de las redes sociales-, y situaban a las tropas directamente en la zona de combates de la castigada ciudad de Homs.

Por lo tanto, el problema lo tienen incluso los más grandes y los que mayor disciplina pueden imponer legalmente a sus equipos. La información la intercambian las personas, a través de los límites de la organización, sin considerar el grado de confidencialidad, y provocando un daño a la propia organización. Apenas podemos hacer algo contra ello. Pero lo poco que podamos hacer aumentará significativamente la protección de los activos de la empresa.

 

Los intereses de la empresa contra la química cerebral

brain chemicalsSólo cuando Facebook tuvo el brutal éxito de expansión los científicos nos lo explicaron: Cuando hablamos de nosotros mismos nuestro cerebro activa los mismos mecanismos de recompensa que el sexo, la comida o las adicciones.

Por lo tanto, la empresa lucha contra los mecanismos neurológicos más íntimos del ser humano.

Vamos a ver, señores de la fuerza de ventas... ¿Realmente es necesario publicar en abierto, en su muro de Facebook, que está cenando en ese pueblo de la región de Córdoba –Argentina-, donde está ese cliente que queremos arrebatarle a la competencia?

Los sistemas de inteligencia competitiva actuales pueden monitorizar las redes sociales, entre otras fuentes. Y cualquiera de nuestros competidores, en especial al que le pretendemos arrebatar el cliente, estará sobre aviso inmediatamente de nuestras intenciones. Sólo tendrá que sumar 1 más 1.

save info save life¿Seguro, señor ingeniero de soporte, que es necesario hacer el check-in en la red social Foursquare a la vez que en el aeropuerto de Osborne –Australia-? Quizá –seguro- nuestros competidores sabrán que ya hemos firmado un contrato y que vamos a operar en las minas de Queensland.

Puesto que la empresa ha de luchar contra las pulsiones más arraigadas del ser humano, hemos de saber que tenemos las de perder. Por ello debemos realizar un intenso trabajo de concienciación de las personas de nuestro equipo. Y no estará de más un pequeño curso de control de privacidad de la información.

Pues la práctica de la privacidad del individuo en ocasiones protege los activos de la empresa.

Como dijimos en la primera entrega de esta serie (Contrainteligencia, Marketing e Innovación): Nos movemos en tierra hostil. Sólo nos queda intentar minimizar los riesgos.

Continuará...

(En tierra hostil –The hurt locker- es una película de Kathryn Bigelow estrenada en 2008).

Por Miguel Borrás

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